Wednesday September 8, 2010 02:36

Gorilas en el humo

Posted by Agustín Berro as Comunicación, Politica

O de cómo tergiversar todo con un simple término

A veces una sola palabra puede ser suficiente para desvirtuar por completo una conversación o una discusión. Y si esa palabra tiene una carga histórica o cultural resulta todavía más poderosa.

En la Argentina de los 50s a los 70s se llamaba Gorilas a los antiperonistas o detractores de Juan Domingo Perón, tres veces presidente del país, y por derivación del partido político que él fundó, Partido Justicialista.

La política, entre muchos artes, incluye el de la apropiación de términos. Hoy Caparrós hablaba en TN de la incomidad del uso de la palabra “progresismo” para referirse a su postura “crítica tirando a la izquierda”. Pero ser progresista suena lindo, aunque podría tranquilamente significar “extrema derecha”.

Si hay algo que no son los radicales es… radicales. Si hay alguien a quien no hace honor Hugo Chavez es a Bolivar.

El gobierno argentino actual, peronista, justicialista y de discurso “progresista”, con el que a veces coincido de fondo y jamás de forma, nos presenta hoy, 60 años después, el dilema del gorilaje siglo XXI. Nestor, Cristina, su entorno hiperfiel y el gran aparato de opinión 2.0 que han montado reflotaron el término gorila y lo van estampando en la frente de todo aquel que sea crítico (una o mil veces) del gobierno.

Y por qué me molesta tanto? Hay muchos engaños al usar esa categoría:

1. La identidad negada

Yo no nací en el 20, ni en el 40 ni en el 60. Yo nací en 1978, en plena dictadura, y mi primera memoria política es de 1983, año en el que volvió la democracia. Yo no soy pro o antiperonista. Yo no soy ni de derecha ni de izquierda. Yo quiero un país más civilizado, más igualitario y más próspero, en ese orden. Si por no estar de acuerdo con algo que hace o dice el gobierno me tildan de Gorila me están borroneando esa identidad para asociarme con dicotomías muertas y con eso diluir mi opinión viva.

Seguramente queden algunos gorilas (tirando a dinosaurios) dando vueltas. Pero creo que soy parte de una mayoría abrumadora que no lo es.

2. Desvinculación de responsabilidad

Al definir al crítico como Gorila, el gobierno se deslinda de la crítica. Y lo hace de dos maneras:

- Desvinculación ideológica: si me criticás porque sos gorila, entonces la crítica nace y muere en eso que sos, en tu odio, resentimiento o doctrina y no tiene nada que ver con lo que yo estoy haciendo. Definir al crítico como de un “bando” inevitablemente opositor significa básicamente invalidar por completo sus argumentos.

- Desvinculación histórica: me odiás porque tus abuelos, tus padres o vos de joven odiaron a Perón. Qué puedo hacer yo ahora para remediar eso si tu odio es tán antiguo y profundo que no puede ser erradicado.

3. Usurpación simbólica

Quizas este último sea el elemento más obvio y a la vez paradójco. Al tildar de Gorilas a los críticos, el gobierno lo que busca es ubicarse a sí mismo como Perón o la imagen y semejanza del mismo.

Si bien como recurso político “estético” puede ser muy hábil, creo que hay un trabajo “ético” pendiente para validar esto. El justicialismo, que hoy es una fuerza panideológica completamente horizontalizada, tendrá su propio debate acerca de quién es más fielmente peronista (a mí no me puede importar menos). Pero no cabe duda que el oficialismo hoy, a fuerza de negar mi identidad individual y desvincularse de sus responsabilidades llamándome gorila si oso criticarlo, está logrando usurpar la simbología y con ello el nombre de Perón.

En resumen, seguir usando el término “Gorila” es bajar una pesada cortina de humo que nos desvincula del presente, que invalida nuestro juicio acerca de las realidades tangibles de todos los días y que le permite al gobierno deslindarse de responsabilidades muchos más relevantes en 2010 que en 1955.

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